crónicas

Crónica de un gran aaala.

Posted on enero 16, 2008. Filed under: crónicas |

Este post debió ser escrito en diciembre. uops!

Un gran aaaaala. Ayer 25 de diciembre, o sea navidad, estaba yo almorzando con toda la familia, en un restaurant campestrón, ubicado literalmente, al lado de la carretera, camino a Lunahuaná, en Cañete. Me sentí parte de Spiderman, fue un evento locazo.

Eran como las 5pm y después de haber tragado un montón y hasta la saciedad, me paré un toque y me alejé caminando para bajar la comida y para no ser presa de los mosquitos. Estaba como a un metro de la pista y de espaldas a esta.

Si estuviera en verdad en una película, de fondo se escuchaba la voz de un tipo que anunciaba los ganadores de las botellas de vino y una canasta que sorteaban entre los asistentes. Se escuchaba la risa de los niñitos (mis primitos, hermanitos y demás chibolos que estaban por ahí) correteando. La gente conversaba, y uno que otro ponía atención al sorteo.

Yo, seguía atontada por tanta comida y distraía mis ojos buscando quien era el próximo que levantaba la mano diciendo: yo!!! Toda la armonía de mi película iba de lujo, cuando en eso: PUM! Fue un ruido seco, no hubo otra cosa antes, fue sólo un ¡PUM!

Me cayeron vidriecitos en los pies y en la espalda, primera reacción voltear asustada, ver que se trataba de un auto oscuro que no sé cómo había impactado contra una combi blanca, e inmediatamente alejarme del lugar, estaba muy cerca. Siguiente reacción: abrir la boca para evocar un aaaaala. Ya en mi segunda reacción la gente se había parado de donde estaban y corrieron, sobretodo los hombres, a ayudar a los tipos del carro, que se veía de lejos que eran los más afectados, estaban aplastados pero con roche. Buscaba una cámara y nadie respondía, aún estaban en shock. Me acerqué y aich… había mucha sangre. Mi papá también corrió para ayudar a sacar al conductor, pero dice que cuando vio al tipo, en realidad, cuando vio el hueso del brazo salido del tipo, se alejó un poquito y dejó que los demás ayudaran. Un señor alteradísimo gritaba algo así como: ¿por qué mierda venden licor aquí? Y que blablabla. Los accidentados de la combi bajaron también con vidriecitos en la cara y sangre.

A un metro!!! Yo estaba a un metro!! Y si se salía un poquito más para la derecha que para la izquierda, ¿me llevaban con todo?

Tomé algunas fotos del lugar de los hechos, de los vidrios rotos, del estado final de los vehículos colisionados (así diría en el periódico no?) no me atreví a tomarle fotos a los moribundos tipos que sacaron del carro aplastado como acordeón, aún tengo escrúpulos para lograrlo.

(clic sobre las fotos para verlas en grande. Caso omiso a la fecha que aparece en la foto, estaba mal configurada)

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Al final de la tarde cuando regresábamos en el carro, pensaba que en realidad podría morir mientras en ese preciso momento pensaba, con ruido seco o con quemada de llanta, en realidad no sabemos en qué momento dejaremos de ser parte de esta vida, como diría mi polo evocando al grupo argentino El otro yo: “no me importa morir”, pero aaala cuanta incertidumbre si llegas a planteártelo. ¿Me tocará muerte natural?, ¿seguiré la cadena familiar?, ¿moriré de alguna de mis 514 formas alucinadas en mis largos ratos libres? Lo cierto es que estuve cerca, muuuuuy cerca. No era mi momento, sin vainas que no.

 FIN

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El Asalto

Posted on julio 3, 2007. Filed under: crónicas |

Comenzaba exámenes finales ese día. Tuvimos amanecida de estudios en casa de una amiga. Después de las 5 de la mañana decidimos acabar, algo teníamos que dormir, el examen era a las 9am. Cogí un tico. Señor ¿aquí al colegio las arenas?2.50 me dijo, subí al taxi.   Iba tratando de no cerrar los ojos, el cielo estaba más oscuro que nunca. Sentía que tenía plomo en los párpados. Tomó la Loreto, y al llegar al semáforo de la esquina del cementerio San Teodoro se detuvo, estaba en rojo, por ahí un señor barriendo la calle tapado hasta el cogote. Después ni un alma más. Aproveché para sacar el sencillo de mi monederito rosado, ese que parece jabón, no encontraba la fakin moneda de 50 céntimos para darle la cantidad exacta. Con el sueño encima y la torpeza se cayeron las monedas al asiento, entre mis piernas. Muy concentrada yo en la tarea de recogerlas sentí la mirada de alguien, levanté la cabeza y el señor taxista se había volteado, estaba mirándome fijamente con cara de tecagaste, en segundos vi la calle: desierta, vi por la ventana de enfrente: el semáforo estaba en verde, ni un perro, ni el barrendero. ¡Nadie! El pánico arrazó con mi sueño, me imaginé tirada en un descampado por bello horizonte o por el club de tiro, me imaginé secuestrada y vendida a una mafia sullanera, me imaginé resignada pasando contrabando por la frontera, me imaginé con otro nombre, tal vez La Mangona Díaz, Yesenia Canebo o Conchita Tumae. Me imaginé casada con un gordo panzón líder mafioso que usaba bvd blanco y los jeans con media raya del poto al aire, siendo la reina de la chatarra, me imaginé vieja, gorda y lisurienta, todo porque no pude defenderme mientras el taxista del tico amarillo me asaltaba. Quien sabe este hombre sólo necesitaba mis 20 monedas para llevar algo a su casa porque la bendita noche no le dio nada más que frío, tal vez si dejaba de imaginar huevada y media y actuaba rápido negociaba con el hombre. Dejé de imaginar y le dije: sólo tengo este sencillo, pero el hombre transformado en choro me dijo, ¡dame todo! Vio mi mochila y seguro pensó que había un super celular, un i-pod o cosas muy interesantes que pudiera vender (separatas y más separatas). El hombrecito me cogió del cuello y siguió histérico diciéndome dame todo. Me entró la cojudez y ya ni mis 20 moneditas ni mi celular con harto filin le iba a dar, le dije: ¡no tengo nada!, ¡no tengo nada! Le metí el dedo al ojo (benditos sean los ticos enanos) y abrí la puerta aprovechando el pánico. Bajé del carro, tenía el celular metido en la manga de la polera, lo mismo hice con el monedero que parecía jabón. Corrí por toda esa calle, la más larga del mundo, la más peligrosa también, después de lo que yo pensé una vida corriendo, llegué a la Country. Tenía que voltear a la derecha y seguir de frente hasta llegar al grifo mega, mi corazón se salía del pecho, no podía respirar del cansancio, de los nervios. Sudaba frío. Pensaba que el taxista aún me perseguía. Desperté totalmente agitada y asustada, felizmente fue un sueño.   -fin-

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